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El Casting, según los Hermanos Grimm

Cuando se hizo tarde, Cenicienta quiso irse, y el príncipe trató de acompañarla, pero ella se escapó tan rápidamente de él que no pudo seguirla. El príncipe, sin embargo, le había puesto una trampa. Había derramado resina por toda la escalera. Cuando ella bajó, dejó su zapato izquierdo pegado en un escalón. El príncipe lo recogió. Era pequeño y delicado, de oro puro.

 A la mañana siguiente, llevó el zapato donde el padre y le dijo: “Nadie será mi esposa, excepto aquella a la que le calce perfectamente este zapatito de oro”.

Las dos hermanas se pusieron contentas al escucharlo, porque tenían bonitos pies. Al lado de su madre, la hermana mayor se llevó el zapatito a su habitación para probárselo. No pudo meter su gran dedo gordo en él, ya que el zapato era muy chico para ella. Entonces la madre le dio un cuchillo y le dijo: “córtate el dedo gordo. Cuando seas reina no tendrás que caminar más”.

(Cenicienta, Hermanos Grimm)

 

En realidad, y más allá de la broma, lo cierto es que cualquier casting se parece mucho a ese conocido momento del cuento en el que el Príncipe hace probarse zapatos a medio reino en busca de su compañera de baile. (También es verdad que las versiones “populares” del cuento omiten las amputaciones, bastante “gores” de dedos y talón a las que somete la madrastra a las hermanastras)

Cenicienta calzaba un 38 y sus hermanas, por mucho que se fuesen amputando extremidades, un 40 o un 41. Si como actor, eres rechazado en un casting, antes que plantearte la amputación de tu dedo gordo (o poner en cuestión tu formación, tu trayectoria profesional, etc, etc.) sería mucho más razonable plantearte que, a lo mejor, buscaban un pie distinto para un zapato que, definitivamente, no era el tuyo. ¿No?

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